Tuesday, November 4, 2008

Título del artículo: Sobre la fiesta de “La Barrosa” en Abejar
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Apenas a treinta kilómetros por la carretera de Soria a Burgos se encuentra el municipio de Abejar, abriendo el umbral de la renombrada comarca de los pinares del Duero, junto al pantano de la Cuerda del Pozo

Según el historiador Bernardo de la Torre, tres barrios constituyeron inicialmente la base de esta villa, uno el llamado Piedarfita (hoy Piedrahita), otro era el de Nuestra Señora del Camino y el tercero Abejar. Despoblados los dos primeros, el pueblo actual se conformaría en torno a este último barrio -así denominado por la abundancia de abejas o colmenas en estos parajes-, y cuya parroquia está dedicada a San Juan Bautista y no a Nuestra Señora del Camino, como cabría suponer por guardar esta virgen, en la ermita donde queda, resonancias de antiguas romerías y de batallas contra los sarracenos invasores

La agricultura y la ganadería compaginadas con el rico sector forestal han venido constituyendo tradicionalmente su fundamental medio de vida, lo que justifica el pasado esplendoroso que tuvo en el lugar el oficio de la carretería, centrado en el transporte de lanas, maderas y demás productos naturales de la comarca hacia otros lugares del país. La vida sencilla y pintoresca de aquellos trajineros sorianos quedaría plasmada por la paleta de Valeriano Bécquer en el cuadro titulado “El Baile” (bello testimonio cromático de costumbrismo local con carreta de Abejar y ambiente de Villaciervos) (1).

EL CARNAVAL Y EL TORO

El mero hecho de que Abejar quede localizado en la mencionada zona pinariega le ha posibilitado, en gran medida, un cierto equilibrio demográfico al no padecer los efectos sangrantes de una emigración masiva como ha ocurrido por otras comarcas sorianas. Ello ha favorecido el que pudiera llegar hasta nuestros días, intacto, un curioso y equívoco ritual de raigambre popular (2) cual es el cobijado bajo la extraña denominación de “La Barrosa” (¿acaso en alusión a un bóvido de piel oscura?).

Su desarrollo es coincidente con el ciclo de carnaval -centrado en el domingo de quincuagésima y lunes y martes siguientes- en contraposición a la triste y restrictiva cuaresma. Porque el carnaval o tiempo de excepción por excelencia, de gran significación psicológica, es casi la representación del paganismo frente al cristianismo (3); representación hecha tal vez en época más pagana que la nuestra, pero también más religiosa. Y posibilita la emergencia de las transgresiones y alborozos de la colectividad, que da rienda suelta a las emociones contenidas.

Que para completar la función no podía faltar el protagonismo de quien juega el papel de estrella en las jubilosas conmemoraciones de tantos pueblos y ciudades de nuestra provincia y de España entera: el toro. Porque el toro, varón por antonomasia, en la fiesta es un dios encarnado, un auténtico medium entre las divinidades de la bóveda celeste y los humanos, que habrá de salvaguardar con su pasión y muerte la supervivencia de la tribu, garantizando la feracidad de los campos a la par que ahuyentando el terrible fantasma de la esterilidad, máxime en una provincia como ésta, agrícola y ganadera desde sus primeros poblamientos.

Pero en esta ocasión el animal totémico cobrará su presencia de forma muy singular. No es el toro, animal de carne y hueso, sino una simulación del mismo.

Por lo tanto al igual que ocurre en otras mil y una localidades del solar hispano, todos los años, al cumplirse las fechas señaladas, como es natural, Abejar celebra sus carnavales, los que tendrán su culminación el martes con la invocada “fiesta de la Barrosa”.

DESCRIPCION

“La Barrosa” o fingida res vacuna, está construida por un armazón de madera de forma rectangular que sirve de soporte de una blanca sábana que lo cubre a modo de faldón. Por los laterales se ve engalanada por cintas de colores rojo, azul, amarillo, morados, verdes, etc., componiendo simetrías a las que incorporan escarapelas o cachirulos de las que penden cintas de seda también multicolores. En la parte trasera porta un apéndice a modo de rabo y oculta media docena de cencerros. Y en el frontal se dibuja con tira negra el rostro del bóvido, que luce otro vistoso cachirulo en la frente, sobresaliéndole las astas, auténticas, injertadas. En el plano superior queda una abertura, que es por donde introduce la cabeza su porteador, que deja descansar los listones paralelos sobre los hombros, sujetando con sus manos uno de los banzos transversales, lo que le facilita su control.

Cabría suponer que en algún recodo de la historia la autoridad correspondiente prohibió el toro original vivito y coleando, por lo que, para que no se perdiera la tradición secular, el pueblo se vio obligado a sustituirlo por este artilugio tal y como hoy día lo conocemos.

El manejo del citado artificio -aderezado por las mozas de la localidad en la noche del lunes de carnaval- corresponde por derecho propio a los mozos que en ese año han entrado en quintas, nombrándose dos entre ellos, los denominados “barroseros”. De este modo, se contaba con un barrosero mayor y otro menor. El primero tenía la autoridad de un alcalde durante este día.

El atavío de los mismos es sumamente llamativo. Visten camisa y calzón blanco con ancha faja y corbata rojas, sombrero de negro fieltro de ala ancha y plana y copa baja, con lazo rojo y calzan botas negras de media caña que completan unos leguis hasta casi las rodillas. Quien no transporta “La Barrosa” lleva en su mano una fusta o zurriago con la finalidad de espantar a los molestos y atrevidos.

TRANSCURSO DE LA FIESTA

En el desarrollo de la fiesta podemos constatar -a efectos metodológicos- dos partes bien diferenciadas. La primera, que transcurre por la mañana, vendría marcada por la salida de “La Barrosa” con los dos barroseros, para desarrollar un minucioso recorrido por todas y cada una de las casas del pueblo, solicitando a los vecinos el donativo de rigor, que bien puede darse en metálico o en especie, guardándose los regalos en la cesta que lleva quien no conduce “La Barrosa”, la que se irán intercambiando ambos mozos.

A medida que se desplazan de un lado a otro sacuden la estructura, que emite de este modo el tintineo de sus cencerros colgantes. Es llamativo el caso de que en esta ronda callejera, cuando se detienen ante el acceso de alguna de las casas donde se guarda luto por el reciente fallecimiento de algún familiar, calle respetuosamente el cencerreo (4).

Lógicamente, todo lo recaudado en el proceso servirá para posibilitar la posterior comida comunal.

El segundo de los tramos, en su complejo desarrollo, supone para nosotros un mayor interés. Hacia las nueve de la noche aproximadamente “La Barrosa” se verá introducida por los barroseros en el salón de baile, donde se concentra el vecindario a los sones de la música orquestal y donde la chiquillería disfruta lo suyo exhibiendo la más variopinta suerte de improvisados disfraces. Da tres vueltas ante el gentío expectante y, acto seguido, se encamina hacia el portón de salida, en donde quedaban apostados a su espera un grupo de cazadores que, en el instante en que asoma al exterior, disparan sus escopetas al aire, como pretendiendo la muerte del animal. Posteriormente, “Barrosa” y los dos quintos-iniciados caen difuntos sobre un tablero predispuesto para dicho fin. Luego, un grupo de jóvenes toman en hombros el tapial y trasladan los cadáveres, atravesando el salón, hasta introducirlo en un cuartucho contiguo. Aquí vertirán generosamente el vino sobre las víctimas, empapando a los concelebrantes que se encuentran debajo. Concluido un breve espacio de tiempo, que pudiéramos tildar de luctuoso, los protagonistas, jubilosos, cual resucitados, reaparecerán nuevamente ante la comunidad.

Por colofón a la ceremonia, sobre las once de la noche, tendrá lugar la cena colectiva en la que mozos y autoridades comparten hermanados el jamón y la cecina, entre otros sabrosos bocados, al tiempo que sorben de una común vasija el vino que nombran “sangre de la Barrosa”. A este encuentro gastronómico queda terminantemente prohibida la asistencia de las féminas.

ENTRE LAS “VAQUILLAS”

En el primero de los segmentos descritos se contempla el elemento de las cuestaciones, tan acorde a la celebración de los carnavales, los que asimismo posibilitarían el carácter irreverente que originariamente debió de poseer esta exhibición táurica.

Abundando en esta dirección, creemos conveniente aportar unos testimonios recogidos en otros pueblos sorianos, más o menos próximos al de Abejar, en los que se podía constatar la presencia y participación de estos simulacros de res. Así, según refería en 1976 el tío Agapito de Muriel de la Fuente, en este lugar había unos carnavales bastante típicos: “Hacíamos un perico pajas -un muñeco- y lo montábamos en una burra y lo llevábamos a rondar por la calle. Y, además, hacíamos una vaquilla a la que le poníamos unos cuernos de vaca y unos cencerros y todos a correr detrás de los chicos y detrás de las mujeres” (5).

Más explícitas aún resultan las declaraciones del señor Prudencio, vecino de Blacos, quien narraba los hechos de la siguiente manera: “El día de carnaval (los del reinado) la víspera, nos juntábamos, como de costumbre, y sorteábamos las prendas para hacer un perico, osea un espantapájaros de paja (…). Después de carnaval se quemaba. Pero en el Ayuntamiento había una costumbre muy bonita: se sacaba a las tres de la tarde y se daba una ronda con el perico y una vaquilla, que era dos palos envueltos en una talega con rabo de vaca y unos cuernos y unos cencerros. Se daba una vuelta al pueblo con las guitarras y entonces se sacaba el baile e iba el pueblo al Ayuntamiento a merendar, y las mozas y los mozos y mujeres estábamos en el baile. Cuando el pueblo ya había empezado a merendar el alcalde mandaba al alguacil decir al alcalde de los mozos que podían subir a merendar (…). Dos quintos subían el perico y la vaquilla y daban dos vueltas alrededor del salón y dejaban el perico y la vaquilla delante de la presidencia; y entonces se hacía un papel como que era el editorial del perico, al ponerse lo gracioso y lo picaresco” (6).

Idéntico posicionamiento da en adoptar Julio Caro Baroja en su artículo “Mascaradas de invierno en España y en otras partes”, ubicando “La Barrosa” de Abejar junto a las denominadas “vaquillas” (7), de características similares, cuya puesta en escena en tiempo de carnaval localiza en lugares tan dispares como Los Molinos y Miraflores de la Sierra (Madrid), Rebollar (León), Acebuche (Cáceres), San Pablo de los Montes (Toledo), e inclusive por otros pueblos de Andalucía, Aragón y Cataluña, sin que resten los de latitudes transoceánicas como Quito (Ecuador) y La Paz (Bolivia).

Ya en un trabajo anterior, también nosotros detectábamos la presencia de una figura semejante, “A Moreira”, en plena convulsión de los tan antiguos como afamados carnavales de Laza (Orense) (8).

De otro lado, el aludido investigador vasco insistiría en encontrar antecedentes pretéritos a estas simulaciones de toros, las que vinculaba con la época de las calendas de enero, en las que gentes disfrazadas de ciervo, de ternera o de becerro, salían por las calles. Tal costumbre -añadía- estaba extendida por el occidente de Europa, allá por los siglos IV y V d. de J.C., y que en España era conocida. “Los cánones penitenciales daban tres años de penitencia a los que se disfrazaban de esta suerte, porque, sin duda lo consideraban digno de paganismo. En un concilio de Auxeme se habla del vecolo o cervolo facere…; en otros de vetula o vitula, etcétera. San Paciano, obispo de Barcelona entre los años 360 y 390 aproximadamente, compuso un tratado sobre esta costumbre y se quejaba en otro del efecto contraproducente que habían tenido sus palabras”. Mucho le hubiera chocado al santo saber -concluía- que en fechas que van de primeros de año a carnaval hay todavía bastantes pueblos de España en que durante un día festivo sale “la vaquilla”, es decir, la vitula (9).

Aun con todo lo visto, no quedaría suficientemente esclarecido el asunto que aquí nos ocupa, ya que puestos a buscar referencias en el tiempo a “La Barrosa”, la cultura celtibérica -uno de cuyos documentos primordiales sobre su vida y costumbres queda plasmado en las cerámicas polícromas de Numancia- nos abriría nuevas expectativas al respecto (10). Así, uno de tales vasos cerámicos (11) se muestra decorado por dos figuras masculinas, con cuernos enfundados en sus brazos, lo que lleva a pensar se trate de una danza ritual relacionada con alguna forma de culto al toro.

“LA BARROSA” Y EL “TAUROBOLIO”

Por lo que al segundo intervalo respecta, encontramos en el mismo unas connotaciones más profundas envueltas en una atmósfera mágico-religiosa (12), asociándose con los cultos mistéricos aciertas divinidades provenientes del Mediterráneo oriental entre los que se cuentan los tributados a Mitra y, muy especialmente, en honor de Atis.

En la mitología indo-aria el dios más importante era el Tiempo Infinito y Mitra el héroe que actuaba de intermediario entre él y el hombre. Se le representaba sacrificando un toro clavándole un puñal, con lo cual daba la inmortalidad a los iniciados. Su culto se solía celebrar en cuevas donde ardía un fuego perpetuo.

La antigua Roma veneraba a Mitra coincidiendo con el Solsticio de invierno en la fiesta denominada del “nacimiento del sol”.

El sentido moral y la esperanza en una redención hicieron de tal religión el rival más importante del cristianismo, que llegó a apropiarse de algunas de sus creencias.

Valga el apuntar que en el trasfondo de este tipo de fiestas parece observarse una de las constantes de todo ritual cual es la de indicar las vicisitudes de un personaje mítico (muerte y resurrección), lo que en definitiva no oculta otra pretensión, inherente a toda actividad mágica, que la de satisfacer las necesidades elementales y primarias de todo ser viviente como las del alimento y la procreación, o lo que es lo mismo, la supervivencia.

Abundando en ello diremos que Atis, probablemente un dios de la vegetación, fue muy celebrado en los festivales anuales, con motivo de la llegada de la primavera, donde se lloraba su muerte y se regocijaban con su resurrección. Se contaba que Atis había sido un pastor o vaquero joven y hermoso, amado por Cibeles, madre de los dioses, gran diosa asiática de la fertilidad que tenía su morada principal en Frigia. Dos relatos distintos circulaban acerca de su muerte; según uno de ellos le mató un jabalí, y en el otro se contaba cómo él mismo se emasculó bajo un pino, muriendo desangrado allí mismo. También se decía de Atis que a su muerte fue transformado en pino.

Sea como fuere, se guarda noticia de la festividad de Atis y Cibeles en la antigua Roma, a finales de marzo, incorporándose en el ritual el culto frigio del árbol sagrado. Durante el duelo por el dios-muerto los participantes se hacían brotar la sangre con el objeto de fortalecerle para su resurrección, que provocaba un desenfreno general y carnavalesco ya que todos podían decir y hacer lo que les plugiese, reconfortados en la promesa de que ellos saldrían igualmente triunfadores de la corrupción de la tumba.

Sin embargo, junto a estas demostraciones públicas y como más representativo del culto tributado a Atis cabe reseñar una especie de bautismo íntimo. Es el “taurobolio”, que básicamente consistía en lo siguiente: se colocaba al novicio o neófito en un hoyo cuya boca cubrían con un enjaretado de madera. Sobre éste situaban a un toro adornado con guirnaldas y la frente resplandeciente con laminillas de oro. Allí lo mataban a lanzadas y su sangre vaheante caía a chorros por los agujeros, siendo recibida con devoción anhelosa por el adorador, que con el cuerpo y el vestido empapados salía del hoyo, goteando y enrojecido de pies a cabeza, para recibir el homenaje de sus compañeros como el que ha resucitado a la vida eterna y ha lavado todos sus pecados (13).

Y por supuesto, que tanto la carne como la sangre del toro jugarían un papel importante en el ceremonial. Acaso, siendo utilizados en la comida eucarística para promover la fertilidad y activar el nuevo nacimiento (14).

Ese “taurobolio” o rito de iniciación apuntado, insinúa un cierto paralelismo con la vistosa festividad de “La Barrosa” observada en Abejar, cuyo origen se pierde en el sendero de los tiempos, por lo que sería bastante arriesgado el aventurar por nuestra parte que el resultado de la misma no fuera otro que el de los rituales de Mitras o Apis, que se verían trasplantados a estos pagos en la colonización operada por medio de las conquistadoras legiones romanas.

CONCLUSION

Con la llegada del nuevo año, y por ende del carnaval, “La Barrosa” comparecerá, una vez más, ante el pueblo entero de Abejar, como expresión inequívoca de esas relaciones múltiples y misteriosas, que de siempre han venido manteniendo los hombres y los toros.

Quienes hasta allá se acerquen a contemplarla por sus ojos, podrán sacar sus propias interpretaciones sobre la razón de ser de esta modesta máscara, que unos asocian con poblaciones campesinas de antigua base económica pastoril y que para otros, más imaginativos, comporta la pervivencia de remotos rituales esotéricos.

A fin de cuentas, la pretensión última de nuestras indagaciones, aquí reflejada, no ha sido muy otra que la de dejar constancia expresa de su existencia. Para que, aunque tan sólo sea por mero automatismo, su fiesta continúe palpitando. Como el mismísimo pueblo que la parió; así de sencillo.

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(1) CALVO, Bienvenido: Diccionario Histórico Geográfico y Económico Social de la provincia de Soria. Gráficas Sorianas, Soria, 1965, págs. 43-52.

(2) Por esta comarca pinariega soriana se localizan elementos tradicionales tan interesantes como “la Pinochada” (Vinuesa), danzas de paloteo (San Leonardo y Casarejos), las “marzas” (Espejón), la “caldereta” (Duruelo, Covaleda…), etc.

(3) MALDONADO, Luis: Religiosidad popular. Nostalgia de lo mágico Ediciones Cristiandad, Madrid, 1975, pág. 21.

(4) De forma parecida durante “la Descubierta” en las Fiestas de San Juan de San Pedro Manrique, los jinetes, llegados al cementerio, detendrán momentáneamente su recorrido extramuros para, descubriéndose la cabeza, guardar respetuosamente a sus antepasados unos minutos de silencio.

(5) SILVIE: Las fiestas populares de la provincia de Soria. Inédito, 126 folios, 1976, pág. 34.

(6) lbídem, pág. 35.

(7) Véase “Mascaradas de invierno en España y en otras partes”, en Revista de Dialectología y Tradiciones Populares, t. XIX, 1963, págs. 137-296 (incluye una fotografía de “La Barrosa” de Abejar, pág. 238). Este artículo (salvo la introducción) quedará luego íntegramente recogido por su autor Julio CARO BAROJA en su libro El Carnaval. Taurus, Madrid, 1979, págs. 178-290.

(8) MARTINEZ LASECA, José María: “Del Carnaval que viene y que va”, en Revista de Folklore, nº 38, 1984, pág. 48.

(9) CARO BAROJA, Julio: “Toros y hombres… sin toreros”, en Revista de Occidente, nº 36, mayo 1984, págs. 7-26.

(10) ROMERO CARNICERO, Fernando: “Las cerámicas polícromas de Numancia”, en Revista de Arqueología, nº 21, año III, pág. 41.

(11) Idem: Las cerámicas polícromas de Numancia. C. S. I. C. Centro de Estudios Sorianos, Valladolid, 1977, pág. 23.

(12) SANCHEZ DRAGO, Fernando: Gárgoris y Habidis. una historia mágica de España, Libros Hiperión, Edic. Peralta, 5ª ed., julio 1979, t. II, pág. 25.

(13) FRAZER, James G.: La rama dorada. Ed. F. C. E., Madrid, 9ª reimp., 1981, págs. 402-407.

(14) Los “quintos” fueron de siempre oficiantes de ciertos ritos o juegos, como, por ejemplo la “ejecución de gallos”. Una vez concluida esta fiesta, celebraban una comida especial de las aves, en la que también participaban, a modo de padrinos, otras personas, quienes tendrían por misión la de iniciar a los jóvenes en los secretos que correspondían a su nuevo estado.

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La Tauromaquia: un rito sacro

Hace miles de años, por efecto de un tercer movimiento de la tierra, que provoca la precesión de los equinoccios, el sol abordó el equinoccio de primavera, en el signo del zodiaco que recibe el nombre

de Tauro. Este signo de la constelación celeste fue considerado como el signo del sol primaveral, del sol fecundador, del Dios sol. El reconocimiento popular y los homenajes rendidos al Sol, se dirigieron naturalmente hacia el signo del zodiaco que era su símbolo, hacia el signo del Toro, el cual siendo partícipe, en alguna forma, de la acción del sol fecundador fue, en este aspecto, identificado con el astro. Se le rindieron honores y se le atribuyeron sus virtudes, poder y beneficios. Este signo abandonó el objeto significado, se convirtió en un dios y se adoraron las representaciones del Toro celeste. El entusiasmo religioso fue más lejos; no sólo se adoraban las representaciones del Toro zodiacal, sino que incluso un toro vivo gozaba de honores divinos. Fue así como el toro, la bestia mágica, signo dibujado, pintado o esculpido, en los zodiacos artificiales, fue identificado con el sol de primavera, se convirtió en TORO-SOL y , metamorfoseado en toro vivo, fue adorado como un dios, un dios solar.

Como vemos, muy lejos se remonta la religión del toro, se pierde en los tiempos. El mazdeísmo profesaba que el toro había sido el primer ser vivo creado. El Indra védico es el Toro divino, como Marduk o Anu en Babilonia, como Horus en Egipto. Heliópolis era un centro de adoración del Toro de Ra. Los hebreos tomaron prestado de los egipcios del becerro de oro. Hace 6 mil años en Creta, radiante cuna de la civilización pre-helénica se celebraba el culto al toro con ejercicios taurinos. En Grecia, Júpiter tomaba la forma de toro para seducir a Europa. Pasifae se entregaba a un toro blanco, que la hacía madre del Minotauro. En Tesalia, las tauro-catapsias eran análogas a la tienta hispánica y a la ferrade de la Camarga. Los germanos adoraban a Thor o toro, cuyo ídolo se encontraba en Upsal en el templo del sol. Según Diodoro de Sicilia, el toro en Hispania tuvo carácter sagrado desde que Hércules, fundador de Sevilla, regaló tres toros a un reyezuelo nativo. Fue Julio César el introductor de los combates de toros en Roma donde perduraron hasta el final del Renacimiento. Los romanos tuvieron su toro expiador y reparador. Los monumentos simbólicos al Dios-Sol Mitra muestran un toro que es sacrificado y cuya sangre purificaba a aquellos sobre los cuales se extendía : el Taurobolio.

El Mitraismo fue aquella religión que en un cierto momento amenazó el triunfo del cristianismo. Como bien escribió Renán “si el cristianismo hubiese sido detenido en su marcha por alguna enfermedad mortal, el mundo habría sido mitriaco.” El culto del dios sol-Mitra pasó directamente del mundo indo-ario al latino, su vehículo de expansión fueron las legiones romanas que lo acogieron muy entusiastamente pues se trataba de un dios protector de los guerreros, rasgo que lo acompañó siempre e hizo de su religión un culto vinculado a la milicia. Esta religión, que embriagara a las legiones romanas, pasó a la plebe y a las clases superiores llegando a contar con el favor imperial. Cómodo se hizo iniciar en las ceremonias sangrientas de la liturgia y entonces los altos dignatarios del Imperio siguieron su ejemplo y se convirtieron en celosos guardianes del culto al dios-sol Mitra. Mitraismo y Cristianismo lucharon con dureza a causa justamente de sus analogías . El clero mitraista reprochaba a los cristianos que tomaban de su religión muchas cosas, entre otras que plagiaron, en su purificación por la sangre del cordero, la purificación por la sangre del toro. Sin embargo el cristianismo, tras muchos combates, termina prevaleciendo; el emperador Constantino se convierte a la religión de Cristo dándole un enorme impulso. En cuanto pueden, los cristianos, a su vez se convierten en perseguidores y dan muerte a los mitraistas. Pero este culto solar estaba profundamente arraigado; el cristianismo tuvo que conservar e integrar elementos de la religión del dios-sol Mitra, para conformar un sistema en mayor o menor medida sincrético, como son sincréticos todos los sistemas culturales. De ahí viene, tras muchas confrontaciones marchas y contramarchas, una especie de entendimiento entre la Iglesia Cristiana y la supervivencia tauromáquica del mitraismo. La fe en el toro muerto santamente pasaba del taurobolio y del mitraismo al culto cristiano. El Imperio muerto se alzaba de su tumba para desposarse con la Iglesia viviente que había querido matar.

Pío V excomulgó a los taurinos. La excomunión fue suprimida por Gregorio XIII. Pero Sixto V, dirigiéndose al obispo de Salamanca, la había restablecido . El claustro salmantino se niega a obedecer y es el gran Fray Luis de León quien redacta la protesta. Hasta que por fin Clemente VIII reconoce que las corridas son una escuela de valor, que pertenecen al patrimonio de España y levanta la excomunión. Entonces comenzó, para continuar hasta nuestros días, la comunión de Iglesia y Tauromaquia.

¿Qué es lo que representa el toro en la conciencia de los hombres? La energía primitiva y salvaje y al mismo tiempo la ultra potencia fecundadora. El hombre debe conducir y disciplinar la fuerza con la inteligencia, debe ennoblecer y sublimar el sexo con el amor. Le corresponde vencer en sí mismo la animalidad primigenia, los elementos taurinos que hay en él: la adoraciön de la fuerza erótica y muscular igualmente agresivas. Su antoganista más evidente en su voluntad de purificación es el toro. La corrida es la representación pública y solemne de esa victoria de la virtud humana sobre el instinto bestial. Así pues la corrida de toros, a pesar de sus acompañamientos espectaculares, es en realidad un misterio religioso, un rito sacro. Con sus subalternos o acólitos, el torero es una especie de sacerdote de los tiempos paganos, pero al que el cristianismo ya no puede condenar. El torero es el ministro cruento en una ceremonia de fondo espiritual, su estoque no es otra cosa que el descendiente supérstite del cuchillo sacrificial que utilizaban los antiguos sacerdotes paganos. Y así como también el cristianismo enseña a los hombres a liberarse de las sobrevivencias bestiales que hay en nosotros, nada tiene de extraño que pueblos católicos como los nuestros, en Europa y en la América española, concurran a este rito sacro, aun cuando no comprendan con claridad la íntima significación del mismo. Si no con su inteligencia, con sus entrañas, saben que desde hace miles de años adoran al Sol y al toro.

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Primitivamente diosa de Anatolia con su principal santuario en Frigia, como personificación del principio femenino. Diosa Madre por excelencia. Se halla también su culto en Lidia desde remotos tiempos. Pasó a Grecia y tuvo gran difusión a partir del siglo V a.C.
En Lidia y Frigia y sus contornos tenía estas atribuciones:
Ampara y protege a su pueblo; le da frutos y mieses; es la fuente de la fecundidad de animales y hombres; cura y sana, o también hiere con pestes y enfermedades; es la que guía y defiende a su pueblo en la guerra.
Tenía un aspecto de protectora especial de las montañas, y selvas y llevaba el nombre de Madre montañesa (Méter oreia), o de Méter Dindimene. Reina y protectora de las fieras. Llevaba por esto leones en su séquito.
Un especial aspecto de Cibeles es que da oráculos y provoca éxtasis, tanto para propiciar la profecía, como para aliviar los dolores y aun la muerte.
En Anatolia y aun en Tracia era parte de su culto la doctrina de la inmortalidad y por ellos era protectora de los cadáveres y de los sepulcros.
Desde el siglo V a.C. se divulgó su creencia y culto en Grecia y fue asociada a Démeter. Adquirió muchos rasgos de cultos nuevos, pero conservó la mayor parte de los antiguos.
Entre 205-202 a.C. fue reconocido oficialmente su culto en Roma conservando sus caracteres helenizados.
A las creencias y atribuciones de la Cibele frigia hay que agregar:
Tenía un cuerpo de sacerdotes especialmente iniciados, que primero eran exclusivamente orientales, hasta que en Roma Claudio permitió que ingresaran ciudadanos romanos.
EL ciclo de sus fiestas varía en las fuentes, Las más seguras dan estas noticias; principalmente aplicables a Roma.
15 de mano, procesión de los frutos y las mieses con un sacrificio para propiciarlos. Seguía una semana de ayuno y maceraciones.
22 de mano. Llevada del pino que representa a Atis al templo de la diosa.
24 de mano, día de la sangre, porque se conmemoraba la castración o según otros, la muerte de Atis, comparte de Cibeles.
25, fiesta de la alegría y banquete y baño de la estatua de la diosa.
28, día de la iniciación, de la cual se sabe poco, por ser uno de los misterios. Por lo que tenemos más seguro, tenía estos actos:
Comida ritual. Traslado del krano, vasija que se usaba en el taurobolio, para poner en ella los órganos genitales de un toro castrado. Descenso al subterráneo en que se verificaba la ceremonia y la iniciación. Es la parte más misteriosa.
El taurobolio era ceremonia procedente del Asia Menor; pero se unió a varios cultos, en primer lugar al de Cibeles. También Venus Celeste tuvo su taurobolio.
Parte de la iniciación era la mutilación de los sacerdotes de Cibeles, de que se hablará más detenidamente aparte.
La estatua de la diosa estaba representada con una corona en forma de muralla con fortines, sentada en un sitial y llevaba una gran copa y un tímpano. La acompañaban leones a los lados, o llevaba un león en su regazo

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El yacimiento arqueológico de la villa romana de Arellano se abre hoy al público

Pamplona | EUROPA PRESS 18/03/2008
Entre los siglos I y III d.C. el lugar contó con un sistema para la elaboración del vino y llegó a convertirse en un centro religioso de culto a Cibeles y Attis.

El yacimiento arqueológico de la villa romana de Arellano se abre hoy al público para dar a conocer la historia de este lugar, que entre los siglos I y III d.C. contó con un sistema para la elaboración de vino y se convirtió en un centro religioso de culto a Cibeles y Attis.

La existencia de esta villa era conocida desde finales del siglo XIX gracias a las numerosas referencias que había a un mosaico que fue encontrado en los últimos días de 1882. La excavación sistemática comenzó en 1988 y a partir de ese año se llevaron a cabo 13 campañas de excavación, que han permitido reconstruir el devenir histórico de esta instalación rural, informó el Gobierno de Navarra en un comunicado.

En la actualidad se puede considerar que quedan al descubierto la mayor parte de las ruinas del edificio central del establecimiento. Este conjunto, que es la zona cubierta por el edificio de nueva construcción, ocupa una superficie de 2.411 metros cuadrados construidos. La zona de ladera sobre la que se desarrolla la edificación antigua desciende desde la cota 424 a 419 metros sobre el nivel del mar.

Aunque no ha sido excavada en su totalidad, se estima que la villa ocupa una superficie mínima de 11.000 metros cuadrados. Se asienta sobre un terreno acondicionado mediante la construcción de dos terrazas. La terraza inferior, en semisótano, sólo fue ocupada por la bodega y dependencias aledañas. El resto de construcciones se levantaron en planta baja sobre la otra terraza y sobre la bodega.

La villa romana se abrirá al público los viernes, sábados, domingos y festivos (estos últimos con horario de mañana), además de las vacaciones de Semana Santa y Navidad. Lunes cerrado.

El horario de apertura es en invierno, viernes y sábado, de 11 a 13.30 horas y de 15 a 18 horas, y domingos y festivos, de 10 a 14 horas. En verano (del 1 de mayo al 1 de noviembre), viernes y sábado, de 11 a 13.30 horas y de 17 a 20 horas, y domingos y festivos, de 10 a 14 horas. Las entradas se pondrán a la venta al precio de dos euros, un euro para grupos, y entrada gratuita para jubilados y estudiantes. El precio de las visitas guiadas es de 15 euros.

CONSTRUCCIONES AGROPECUARIAS
La villa romana de Arellano está conformada por una serie de construcciones que en los primeros tiempos del Imperio se destinaban eminentemente a la producción agropecuaria. Con el transcurso de los siglos, siguiendo una corriente generalizada en el mundo romano, acabó convertida en lujosa residencia de campo de una familia de la aristocracia local.

Las excavaciones arqueológicas han permitido diferenciar construcciones que corresponden a los dos grandes momentos de vida en la villa. Por un lado, estructuras de los siglos I-III d.C., constituidas por una serie de dependencias vinculadas a la producción del vino, que ocupan todo el lado Norte y Este del edificio. Y, por otro, estructuras de los siglos IV-V d.C., que ocupan parcialmente el espacio de las edificaciones anteriores y se amplían más hacia el Sur y el Oeste.

En esta época la elaboración del vino cesa y la actividad principal de la villa es de tipo religioso, vinculada a los cultos a Attis y Cibeles, religión mistérica de tipo oriental.

NUEVO EDIFICIO
Para alojar los restos exhumados del cuerpo central de la villa romana se ha construido un nuevo edificio que, además de proteger las estructuras arqueológicas, facilita el tratamiento didáctico-turístico del yacimiento y posibilita un recorrido establecido.

El edificio acoge en su interior las ruinas del núcleo principal de la Villa, compuesto por las habitaciones de la casa señorial y las instalaciones para la elaboración del vino. Quedan fuera del edificio el taurobolio y las dependencias del Sur o establo.

El nuevo edificio tiene en su exterior un acondicionamiento de los suelos que permite a los visitantes discurrir por el entorno del taurobolio y la fachada Norte, así como un tratamiento vegetal acorde con el entorno.

Los visitantes acceden desde la zona de aparcamiento a la entrada del edificio, en su lado Norte, entre el fumarium y el camino de acceso a los lagares y las plataformas de prensado. En el punto de entrada se sitúa el área de acogida y control, donde un vigilante entregará a los visitantes un folleto explicativo y una pequeña guía de mano. El recorrido de la visita se realiza por medio de una pasarela de circulación perimetral ligeramente elevada sobre la excavación arqueológica.

En la entrada se han instalado diversos paneles de información general sobre los siguientes temas: el yacimiento y sus fases; el mundo rural romano y las villas del Valle del Ebro; el vino en la antigüedad, y proceso de elaboración del vino en Arellano. Se trata de un espacio abierto al interior, desde donde se puede ver el conjunto del yacimiento y las siguientes edificaciones: torcularium con dos plataformas de prensa; lagares; fumarium con ocho apoyos de columnas, y bodega, con once pilares y un altar monolítico. Este espacio se encuentra en una planta de sótano.

El lateral Oeste del edificio se recorre por medio de una pasarela superpuesta a la bodega que permite la contemplación de ésta y que conduce al ángulo Suroeste, donde se sitúa la información general sobre el proceso de excavación de la bodega o cella vinaria. Desde aquí se puede acceder a la bodega.

El recorrido continúa desde el segundo punto de información general hacia el antiguo pasillo de entrada al peristilo. El peristilo es accesible al público y desde él se puede ver detalladamente la cisterna o aljibe y el mosaico del cubiculum del dominus.

En el peristilo o patio interior se ha instalado una pequeña zona de descanso. Desde el peristilo la pasarela continúa por el lateral Sur de la villa hasta la sala del oecus permitiendo la contemplación elevada del mosaico. En esta zona los temas de la información general son el mosaico, y el Culto de Cibeles y Attis. Desde aquí la pasarela, en dirección Sur-Norte, posibilita la contemplación y el espacio octogonal del mosaico de las musas.

Al finalizar el recorrido interior del edificio se ubica un último panel informativo sobre la villa de Arellano y su relación con los elementos patrimoniales del entorno.

Además de los grandes paneles de información general, existen a lo largo del recorrido atriles con información puntual sobre algunas de las áreas que se contemplan, junto con elementos gráficos que facilitan su comprensión.

En el exterior del edificio se ha señalado y acondicionado un recorrido que lleva a los visitantes hasta el taurobolio y los establos, también con atriles de información puntual.

La gestión de la villa romana de Arellano será similar a la de los yacimientos de Andelos y Rada, por medio de una empresa que se encargue de la apertura y control de los visitantes, y del mantenimiento y limpieza del yacimiento y el área de visita.

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Taurobolio

De Wikipedia, la enciclopedia libre

Se conoce por Taurobolio a un rito de los misterios de Cibeles y Attis.

Como indica su etimología (en griego, taurobolion, cfr. elaphebolion, «caza del ciervo», en latín tauropolium, tauropolium por analogía con Artemis tauropolos) en un principio significaría la caza de un toro salvaje, quizá a lazo, para un sacrificio ulterior a una divinidad; posteriormente designó el degüello de un toro y el baño del iniciando en su sangre conforme a un determinado ritual.

Nuestra información, relativamente amplia, sobre las particularidades del rito y su finalidad se basa en fuentes literarias y epigráficas. Entre las primeras destaca por su importancia Prudencio (Peristeph. X,1006-1050); también hay breves alusiones en Contra Symmachum (1,395) del mismo, así como en el anónimo Carmen contra Paganos (Poet. Latin. min., ed. Baehens, 111,286), Hipólito (Refutatio V, 7,19) y Fírmico Materno (De erroribus prof. relig. 27,8; 28,1).

De la descripción de Prudencio se desprende que el iniciando penetraba, desnudo de cintura para arriba, en una fosa que se cubría a continuación con una plancha con orificios. Encima el oficiante mataba el toro con una harpe (cuchillo con un saliente lateral a fin de provocar una gran hemorragia), cuya sangre debía recibir el iniciando sobre su cabeza. Terminado el rito, los asistentes aclamaban al mystes como un «hombre nuevo». El simbolismo es, pues, claro: el bautismo de sangre confería una nueva vida, significaba la trasferencia a un orden existencial superior, ajeno al imperio de la fortuna, trascendente a la corrupción y a la muerte (el iniciado es un renatus in aeternum). Ahora bien, las inscripciones demuestran que el rito debía repetirse a los veinte años, sin que se sepa si se estimaba definitiva la segunda ceremonia.

El testimonio de la epigrafía, de inestimable valor para la cronología del rito y su distribución geográfica, aunque completa el testimonio de las fuentes literarias, plantea ciertos problemas de difícil solución. Junto a los taurobolia individuales cuya finalidad es la expresada, había otros que se hacían en beneficio ajeno (pro salute, pro salute et reditu, pro salute et incolumitate) de una persona (el emperador, un gobernante, un deudo) o de una corporación, como ocurría con los sacrificios.

Las inscripciones demuestran que al taurobolio le solía acompañar un criobolium (sacrificio de un carnero), pero nos dejan a oscuras sobre el significado de la fórmula uires excepit… et transtulit («tomó sus fuerzas y las transportó») frecuente en ellas. Por uires probablemente deben entenderse los testículos del animal, no la sangre o el bucranion, simbolizando la emasculación ritual del iniciando, que se cumplía de hecho en el caso de los galli (cfr. CIL X,510).

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Se conoce por Taurobolio a un rito de los misterios de Cibeles y Attis. La etimología de la palabra, de origen griego, significaría inicialmente la caza de un toro salvaje, quizá a lazo, para un sacrificio ulterior a una divinidad; posteriormente designó el degüello de un toro y el baño del iniciando en su sangre conforme a un determinado ritual.
En la antiguedad los santuarios de Cibeles o “Gran Madre” tenían una arquitectura específica para adaptarse a la realización de sus ritos y en especial al bautismo de sangre o “taurobolium”. Podemos entender mejor la especial arquitectura que encontramos en Santa Eulalia de Bóveda en Lugo si revisamos las imágenes del taurobolio que escenifica la serie telivisiva Roma.

Ver vídeo: TAUROBOLIUM

La serie, producida por la HBO, ha sido señalada por los especialistas en historia por sus aciertos y errores. Uno de ellos ha sido la escena del primer capítulo, en el que Atia, la madre del futuro emperador Augusto, practica un taurobolio a Cibeles para proteger a su hijo de los peligros que le acechan, a la vez que solicita del oráculo de la diosa respuesta sobre el futuro inmediato de su hijo.

No son pocos los seguidores de la serie que han señalado que esta escena es anacrónica, pues no existen evidencias sobre la práctica de este especial ritual en Roma hasta dos siglos más tarde. No existiendo aras votivas a la diosa Cibeles por un Taurobolio hasta los primeros años del siglo II d.C.

Los guionistas nos presentan un ritual magnífico, muy bien documentado, y con una puesta en escena con todos los elementos que el tautobolio contaba.
La diosa Cibeles, la Magna Mater, estaba presente en la ciudad de Roma que revive la serie, su influjo era muy próximo al que fue el primer emperador. Augusto construyó su casa en el Palatino entre los templos de Cibeles y Apolo, y adoptó a ambos como sus dioses protectores.
La propia residencia del emperador contaba en sus muros con hermosas pinturas que presentaban de forma alegórica a Cibeles y sus elementos simbólicos. Por ello no es descabellado imaginar una relación directa de la familia Julia con la diosa Cibeles y sus rituales.

Sin embargo y a pesar de la posible anacronía de la escena del taurobolio, podemos ver en ella elementos que en siglos posteriores fueron característicos de los templos dedicados a la diosa y de los rituales en ellos practicados. Debemos reconocer un gran trabajo en la dirección artística de esta singular escena.
Los responsables de la escenografita debieron de preguntarse con era posible poder ejecutar el ritual y de que forma deberían de ordenar los elementos para ponerlo en practica.

Atia, la devota de la Magna Mater, se situa bajo un baldaquino de cuatro columnas y en una pileta semienterrada. Sobre ella en un piso superior se encuentra el toro, adornado con guirnaldas y sujetado por el matarife que lo degollará. Al hacerlo la sangre del animal cae sobre Atia, que recibe el baño ritual.

La escena es acompañada por los sacerdotes eunucos de Cibeles, los galli, que realizan danzas orgiásticas, y toda la escena es dirigida por el archigalli, el sumo sacerdote.

A continuación Atia sale de la pileta y solicita del archigalli que dicte el oráculo sobre el futuro de su hijo, que resulta favorable, la escena termina con Atia sumergida en otra pileta de agua clara, eliminando los restos de sangre de su cuerpo.

El esfuerzo de los directores de la serie nos permite comprender mejor como deberían ser los templos donde los riítos de Cibeles eran practicados, visualizar su especial arquitectura, que permitía realizar el bautismo de sangre, en algunos momentos de forma continuada, y cuales eran los elementos constructivos necesarios.

En la escena podemos apreciar:
El conjunto de fosa y baldaquino que permiten el sacrificio del toro sobre el devoto.
La necesidad de gran cantidad agua corriente para la limpieza de la sangre en la fosa.(fossa sanguinis)
La existencia de una pileta de agua limpia para la limpieza del devoto.

Estos elementos han sido encontrados en pocos lugares del imperio, uno donde aun se conservan y pueden ser estudiados es en Santa Eulalia de Bóveda en Lugo.

Podemos imaginar, a través de la escena de la serie, como se practicaban los ritos de Cibeles en este apartado lugar del Imperio.aeropuertopersasrudimentariocalicesdiademavisocica estatuillasconquistasbocabajotainosmasovicetarquinaetruscosrecesvinto praileenologicocallejonesmetalurgicodolmenicopucllanasechinpistiros michelitolemaide

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Santa Eulalia de Bóveda en Lugo y Santa Marina de Aguas Santas en Orense poseen en común, aun hoy en día, algunos de los elementos principales del culto a Cibeles.


BOVEDA Y AGUAS SANTAS

Los orígenes de ambos santuarios son anteriores a la romanización, los pueblos castreños que habitaban ambos territorios en castros cercanos tenían entre sus creencias las dedicadas a las piedras sagradas o betilos. En Bóveda existía la “Pena Piador” que cantaba como un ave invisible a los devotos y en Aguas Santas aun hoy podemos oír y ver a la enorme roca que tañe como una campana y a la “Santa Pedra” que posee forma de oreja y que escucha las peticiones hacía el mas allá.

Ambas capillas están dedicadas a Santa Eulalia, en Lugo la virgen mártir es la titular, y en Orense la advocación a Santa Eulalia se ha perdido y hoy en día no existe recuerdo de ella, pero gracias a una cita a Muñoz de la Cueva sabemos que también el culto a Eulalia “la que bien habla” tuvo lugar en Aguas Santas.

“El mausoleo como la iglesia es maravilloso, y siguiendo con las descripciones de Muñoz de la Cueva copio lo que dijo en su época sobre este sepulcro, allá por el 1700:
“Casi en el medio de la Nave del lado de la Epístola, está el sepulcro de nuestra Sancta Gloriosa, poco levantado del suelo, y cubierto con una piedra, ó lápida, algo mayor que las de las comunes sepulturas. Circunda y rodea la Sepulcral lapida, un basamento de piedra labrada, de ordinaria cantería, y sobre él ocho columnas, en cuyos capiteles se fundan tres bóvedas de la misma piedra; y debajo de ellos, sobre pedestales dorados, ay tres efigies, una de Santa Marina, en medio, y a los dos lados, las de Santa Marta y Santa Eulalia de Mérida. Corona todas esta fábrica y bóvedas un cimborrio, labrado de madera, con su adorno todo pintado”.


BOVEDA Y AGUAS SANTAS

El Santuario a Cibeles de Aguas Santas se diferencia de Santa Eulalia de Bóveda en que en Lugo, el edificio del santuario, posee una altísima especialización arquitectónica y resuelve las necesidades del culto de una forma altamente sofisticada, mientras que en Orense el santuario, en su origen una sencilla cripta de pequeño tamaño, se transformo con el tiempo en un edificio más monumental sin escatimar en dimensión y riqueza de material, la comparación entre ambos es realmente emocionante, comparar ambas criptas pone los pelos de punta.
Ambos santuarios acondicionan con su forma arquitectónica el lugar donde el devoto recibía el bautismo de sangre con propiedades curativas.

Durante los primeros siglos de nuestra era Cibeles fue la principal divinidad en Hispania y su culto estuvo muy extendido en todo el territorio peninsular.

En la Roma del siglo II y III d.C., puede decirse que las “Attideia” se celebraban con gran esplendor, hasta el punto de que el Emperador, el Senado y el Prefecto de la ciudad, se dirigían al Palatino para honrar y dar gracias a la Mater Salutaris entre las aclamaciones del pueblo. Las fiestas frigias se celebraban todos los años del 15 al 28 de marzo. A partir de Antonino su culto tuvo ritos secretos (misterios).
La ceremonia en torno a la cual giraba todo el proceso iniciático era el bautismo de sangre que el neófito recibía del sacrificio de un toro, taurobolium, o de un carnero, criobolium. Etimológicamente, Taurobolio significa caza del toro con red y Criobolio caza del carnero. En el ritual frigio tanto el toro como el carnero eran degollados y el bautismo de sangre recibido por el devoto curaba enfermedades e incluso la muerte

En Aguas Santas, se practicaba de manera ceremonial el taurobolio o sacrificio de sangre, podemos ver el dibujo de la especialista Pilar González Serrano que lo describe de manera esquemática y de forma similar a como en un principio era en Orense.


TAUROBOLIO

En la parte superior y sobre el llamado “Horno de la Santa”, donde se encuentra la chimenea, se emplazaban unas maderas perforadas sobre las que se colocaba el toro en el momento de ser sacrificado. En la cripta de la planta inferior en la que se encontraba el devoto sobre un suelo de piedra que recogía la sangre a través de un sumidero siempre con agua corriente.

En el exterior del conjunto monumental queda evidencia de una edificación con una gran nave que pudo en su tiempo proteger el lugar del sacrificio y a los sacerdotes que lo practicaban así con las escaleras que comunicaban los dos niveles del edificio.

En Bóveda el taurobolio consistía en el sacrificio de un toro en la planta alta del edificio, sobre la parte central de la cripta y sobre el hueco que permitía la caída de la sangre del animal sobre la piscina de la planta inferior. Una vez muerto el animal, los sacerdotes bajaban por una escalera de comunicación. que existía en el muro oeste del santuario, un recipiente con los órganos sexuales del toro y lo colocaban en las hornacinas que existen en los muros laterales de la cripta, a ambos lados de la piscina.


BOVEDA Y AGUAS SANTAS

Es muy importante que exista un sistema que permita recoger la sangre del sacrificio y sanear el santuario para su nuevo uso. Tanto en Lugo como en Orense existe agua subterránea que a través de un canal de saneamiento permite la limpieza permanente del suelo de la cripta. Las piscinas de la diosa nunca se secan y aun hoy es evidencia el agua que mana en el interior de las dos criptas.

Posteriormente con la llegada del cristianismo el culto del bautismo de sangre desapareció y se transformo el ritual sagrado con el agua del lugar.

Cibeles en su ritual antiguo tiene un momento en que la imagen en piedra de la diosa es bañada en agua:
El día veintisiete de marzo se celebraba el festival de exaltación de Cibeles.
Finalizaba esta festividad con una procesión en la que la imagen en planta de la Diosa, con su cara tallada en piedra negra, era conducida en un carro de plata hasta el río Almo, en cuyas aguas se bañaba. El sacerdote, vestido de púrpura -el color de la Diosa-, lavaba la imagen y demás objetos sagrados. Con este rito se aseguraban la lluvia y la fertilidad de los campos.
“Unas mujeres con vistosas vestiduras blancas, con alegres y variados atributos simbólicos, llenas de floridas coronas primaverales, iban caminando y sacando de su seno pétalos para cubrir el suelo que pisaba la sagrada comitiva. Otras llevaban a su espalda unos brillantes espejos vueltos hacia atrás: en ellos la Diosa en marcha podía contemplar de frente la devota multitud que seguía sus pasos.” (Apuleyo)

Existe la imagen de Cibeles en Aguas Santas tallada en piedra, en un ara romana con la imagen de una diosa sentada que se encuentra a la izquierda de la nave central. Es el perfil de la diosa Magna Mater. La Piedra Cúbica: “Es esencialmente una ‘piedra de fundación’; es pues ciertamente ‘terrestre’, como lo indica por otra parte su forma, y además la idea de ‘estabilidad’ expresada por esta forma misma conviene perfectamente a la función de Cibeles en cuanto ‘Madre Tierra’, es decir, como representación del principio ’substancial’ de la manifestación universal.” (R. Guénon)

BOVEDA Y AGUAS SANTAS

En Bóveda encontramos en el pequeño atrio de entrada dos relieves sorprendentes de dos aves zancudas similares a un avestruz. Una de ellas, la más oculta a la vista, se encuentra encaramada a una piedra sobre una esbelta columna. Ambas imágenes hacen referencia Cibeles-Rhea la diosa Griega, que era representada por un avestruz, el ave conocida de mayor tamaño en la antigüedad.

Tanto en el santuario de Santa Eulalia de Bóveda en Lugo como en el de Santa Marina de Aguas Santas en Orense se mantienen las propiedades curativas que en época romana se le suponía a los bautismos de sangre y que desde el cambio de culto cristiano se basaron únicamente en el agua que mana en ambos lugares, el ritual practicado es similar al descrito en la celebración del día de veintisiete de marzo en la antigüedad.aeropuertopersasrudimentariocalicesdiademavisocica estatuillasconquistasbocabajotainosmasovicetarquinaetruscosrecesvinto praileenologicocallejonesmetalurgicodolmenicopucllanasechinpistiros michelitolemaide

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